Juntos y solitarios

In Publicaciones, Reseñas by María Elena Meneses

Reseña publicada en Blog Virtualis el 20 de julio de 2011.

La investigadora del Tecnológico de Massachusetts Sherry Turkle no pudo elegir mejor nombre para su último libro, que alude al paradójico estado de los individuos en este siglo, a los hiperconectados, que contabilizan en miles a sus seguidores y amigos en el mundo online, pero que en la realidad offline, deben enfrentar la carencia de certezas afectivas.

En este espléndido y provocador libro producto de diez años de investigación etnográfica con jóvenes y adolescentes, la autora sentencia con evidencias que en la actualidad, esperamos más de la tecnología que de nosotros mismos y de los demás.

La primera parte del libro, la investigadora que advierte haberse desprendido del psicoanálisis clínico para convertirse en una etnógrafa, expone los resultados de su investigación sobre la relación afectiva que los niños establecen con los juguetes robot de moda en los noventa, tales como como los Furby, las mascotas AIBO y los Tamagotchi, vistos por los pequeños como “casi humanos” que demandan afecto e imaginariamente lo ofrecen.

Lo aséptico de la vida afectiva (momentos robóticos), que se establece entre un niño y un juguete robot provoca que Turkle exprese sus más profundas dubitaciones sobre los adultos de mañana, que hoy tienen a padres que hablan por celular mientras empujan la carreola, pero a cambio, tienen un robot interactuante, que les dice que les  quiere y les enseña a establecer relaciones afectivas ¿Cómo enfrentarán estos niños en la vida adulta la complejidad de la enfermedad, la muerte o las relaciones amorosas? No hay respuestas, como Turkle nos alerta desde el inicio del libro Juntos y solitarios (Alone together) más que una provocación intelectual, es una exposición de evidencias que podrían llevar a un diagnóstico y toma de conciencia sobre lo que la tecnología está haciendo con nuestras relaciones humanas y con la la esencia del ser en tiempos de preeminencia tecnológica.

En un libro previo igualmente fascinante, La vida en la pantalla escrito 1995, la académica del MIT, referente indispensable para estudiosos de los impactos de la tecnología en la vida cotidiana, se refleja una investigadora deslumbrada por el poderío intelectual y científico de la inteligencia artificial y las herramientas interactivas de Internet las cuales, son consideradas por Turkle, como un desafío o nueva frontera desconocida para la humanidad. En Juntos y solitarios se devela la angustia de una estudiosa que desde las ciencias cognitivas, detecta mediante entrevistas y observación, que la tecnología se ha convertido en sustituto y reemplazo emocional de los afectos auténticos. Jugar con una mascota Tamagotchi o tener sexo con un robot de compañía dice, es como ver desde el aparador una tienda de dulces. Aunque la interpretación de sus resultados de campo podrían parecernos al algunos exagerados, es innegable que poco se ha explorado con base científica sobre los efectos del uso de la tecnología en nuestras realidad cotidiana, convertida en “la celebración de lo inauténtico como una forma estética de la vida” (351-7517).

La segunda parte del libro está dedicada a los jóvenes hiperconectados que se construyen vidas alternas en World of Warcrafts, en Second Life o mediante avatares en Facebook, que  según Turkle ofrecen una vida mejor, una posición económica ficticia y hasta una apariencia que no deja lugar a fragilidades humanas como la fealdad, la obesidad o la pobreza.

Estos jóvenes que juntan amigos en sus redes sociales como si fueran una colección de adquisiciones instantáneas, facilitan un nuevo sentido del ser y provocan evadir con ligereza el compromiso del que pueden escapar con un clic.

Estar conectado implica estar solo, pues sólo así es posible concentrarnos en la pantalla advierte la investigadora, no sin describir la cotidianeidad de los aeropuertos, restaurantes y centros de trabajo en los que la gente experimenta la “vida mixta”( mix life), en la que no estamos completamente en un lugar, sino al mismo tiempo en una pluralidad de espacios que articulan un mundo de atención parcial.

Sherry Turkle logra un un retrato impecable del espacio público contemporáneo del que somos protagonistas indiscutibles los usuarios de dispositivos móviles. De esta forma cuestiona contundente a quienes se deslumbran por las habilidades de la generación “multitask” o multihabilidosa, es decir, aquellos nativos digitales, en su mayoría, que pueden estar escuchando música, chateando y haciendo una tarea escolar.

Aunque me quedo con la Sherry Turkle de La vida en la pantalla, en el que no se deja atrapar por la mirada pesimista sobre el uso y las implicaciones de la tecnología en la vida cotidiana, Juntos y solitarios, además de ser un definitivo deslinde intelectual con los entusiastas tecnológicos, es un tratado sobre el ser en tiempos en los que como señala, preferimos escribir mensajes abreviados, que disfrutar de una amena charla que sólo la presencia física llena de sentido.

Esa noción de la otredad, que implica el reconocimiento de la falibilidad y fragilidad humanas se erosionan al coleccionar compulsivamente amigos en la red y al responder correos cuando estamos con nuestros amigos, con nuestra pareja o incluso con nuestros hijos.

En tiempos en que las producciones culturales, desde una película hasta un periódico busca entretenernos o divertirnos como si fuera el último día de nuestra vida, habemos quienes aún disfrutamos los libros como éste que provocan cierta angustia emocional e intelectual.

Mis exigencia como lectora asidua de su obra es que para el próximo estudio, Turkle nos exponga con más detenimiento y discusión su procedimiento metodológico, sobre todo, los alcances y limitaciones de las herramientas etnográficas que emplea. Aun así el lector intuye un trabajo de campo riguroso, arduo y exhaustivo.

Referencia: 

Turkle, S. (2011). Alone together. Why we expect more from technology and less from each other. Edición Kindle. New York: Basic Books

 

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