Twitter, censura y movilización

In Hemeroteca by María Elena Meneses

Publicado en El Universal

En estas últimas semanas la red fue escenario de un interesante debate detonado por el sugerente artículo “Por qué la revolución jamás será tuiteada” ( Small change: why the revolution will not be tweeted) del escritor Malcolm Gladwell, publicado en la revista The New Yorker,  quien tuvo la osadía de cuestionar duramente el poder movilizador de las redes sociales virtuales.

Gladwell, un intelectual que hace unos años fue considerado por Time uno de los personajes más influyentes en el famoso ranking anual, toma como argumento central el caso de los movimientos anti-raciales de los sesenta en los Estados Unidos, en los cuales dice, hubo lazos fuertes y una organización jerárquica. Condiciones que a su parecer, son inexistentes en las redes sociales virtuales como Facebook o Twitter, en los que impera la horizontalidad y la falta de un centro.

Los tuits que tanto entusiasmaron a occidente sobre la revuelta iraní, señala Gladwell, en realidad fueron enviados y replicados de este lado del mundo; lo mismo con el conflicto de Moldavia, un país con escasas cuentas de Twitter. Un punto poco debatible; en efecto los tuiteros son apenas unos cuantos y viven en occidente.

Uno de los primeros en responder esta provocación intelectual fue Henry Jenkins, autor del indispensable libro “La cultura convergente” en su artículo “Probablemente no necesitamos una revolución”(Perhaps a revolution  is not what we need), quien desarticuló algunos de los argumentos de Gladwell en su blog y contribuyó al formidable debate que se libró en la red.

El argumento de Jenkins es simple y certero: cada movimiento social usa la tecnología de su tiempo lo cual, no lo hace ni mejor ni peor, ni mucho menos carente de sentido. En un claro disenso con la tesis de Gladwell, Jenkins rechaza que los lazos que se articulan en las redes sociales sean débiles y desorganizados. Además  provoca a su interlocutor, sugiriendo que las redes sociales virtuales, no requieren de una revolución para medir su poder movilizador.

El debate sobre las posibilidades movilizadoras de las redes sociales no es un tema menor en la sociedad digital. A su alrededor, se erigen posturas usualmente encontradas como es el caso de Gladwell con los que llama “evangelizadores digitales”, que suelen sobre dimensionar las posibilidades de estas formidables herramientas de comunicación para la movilización ciudadana.

Quizá para entender estas novedosas herramientas, deberemos despojarnos de posiciones irreconciliables, para realizar estudios de base empírica de largo aliento.

No puede soslayarse que las redes sociales virtuales son herramientas al alcance de unos cuantos ( Facebook 500 millones de usuarios y Twitter un poco más de 100 millones), que algunos las usan para el linchamiento y la autopromoción; también para la autoexpresión más absurda e intrascendente, que da al usuario sus anhelados 15 minutos de fama, pero esto no obsta para descartar su poder movilizador.

No se debe olvidar que las redes sociales virtuales son sólo prolongación de lo real, de ninguna manera se trata de universos encontrados o paralelos.

Hace unos días el profesor del Departamento de Estudios de Internet de la Universidad de Pekín, Hu Yong  destacaba el poder de Twitter y su clon chino,  Fanfou.com, en la articulación del movimiento disidente que tiene ya en Liu Xiaobó un Nóbel de la paz.

Desde hace algunos meses, me he dado a la tarea de observar el comportamiento de los tuiteros de la ciudad de Monterrey, quienes denuncian el pasmo de una autoridad poco eficiente y la autocensura mediática tradicional en torno a la inseguridad en la capital industrial de México, bajo el hashtag #Monterrey, que en cada bloqueo vial o en cada balacera se torna en  trend topic (temas más comentados en Twitter).

No tengo conclusiones aun, pero seguiré cuidadosamente mis presunciones respecto a que más allá del número de usuarios,  las redes sociales virtuales son herramientas que facilitan la movilización, cuando existe un consenso sobre lo que se considera justo, cuando la autoridad es ineficiente y cuando los medios tradicionales renuncian con frecuencia a su responsabilidad social de informar.

Los movimientos sociales surgen en cualquier tiempo y circunstancia y los ciudadanos, usan las herramientas de comunicación a su alcance, de boca en boca; panfletos o el teléfono. Sin embargo, es innegable que las redes sociales virtuales de la actualidad, permiten la comunicación instantánea, en cuasi tiempo real; de manera ubicua y sobre todo sin intermediarios.

No hay fronteras, intransigencia;  ineficiencia, ni censura que no puedan ser rebasadas por los bytes, si no preguntemos a Liu Xiaobó o si lo prefieren, a los tuiteros de #Monterrey.

Les invito a leer mi artículo ” La red es el mensaje. redes sociales virtuales en la esfera pública” en la Revista Mexicana de Comunicación de este mes, en el que abordo el tema de las movilizaciones de ciudadanos regiomontanos a través de Twitter.

Fotografía: “Liu Xiaobo – 2010 Nobel Peace Prize Winner” de BlatantWorld.com @ Flickr (http://www.flickr.com/photos/blatantworld/5063826868/

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