15 O: La red es la protesta

In Hemeroteca, Publicaciones by María Elena Meneses

Publicado en Virtualis. Blog sobre la sociedad digital en El Universal.

Probablemente nunca antes, desde que inició el uso generalizado de Internet hace dos décadas, había sido puesta a prueba para la movilización social a escala global.

Podríamos afirmar que las posibilidades de la auto comunicación digital que permiten las redes para la movilización social, habían sido puestas a prueba en pequeñas, si bien significativas acciones colectivas  desde 1999 en Seattle, cuando un grupo de manifestantes altermundistas decidió retar a los poderes y medios tradicionales con protestas en plena Cumbre Mundial de Comercio, que acabó con serios disturbios; con la condena de los medios tradicionales y en contraste, con una poderosa arma comunicativa, se trataba de un blog que hasta la fecha es emblema comunicativo de otro mundo posible: Indymedia.

Las movilizaciones en el norte de África y el plantón en la Plaza del Sol madrileña de este año dieron pie a lo que se avizoraba poco imaginable, es decir un movimiento en red desde el propio corazón del capitalismo, que se extendió a 900 ciudades en más de 80 países.

Desde el 17 de septiembre las redes fueron el canal idóneo para cientos de miles de estadounidenses que se plantaron en el parque Zuccotti de Nueva York  para denunciar los abusos del sistema financiero. Somos el 99%, dicen, en alusión a la concentración de la riqueza.

El movimiento Ocupa Wall Street es el primer movimiento desde la red y para la red y por ello merece la pena analizarlo.

Si cabía la duda, Internet es un medio disruptivo apto para articular consensos en torno a una causa común, eso ya no está a discusión. Lo relevante es saber si estas muestras de descontento redundan en cambios tangibles, que sin caer en un sobreoptimismo, podrían verse reflejadas en  algunas consideraciones en las agendas políticas de las naciones.

Según la revista electrónica Mashable, especializada en tecnologías, el movimiento que se expandió a unas 70 ciudades estadounidenses durante el mes de octubre, tiene un cuartel de mando electrónico en Broadway, compuesto por hacktivistas, que innovan soluciones para la movilización. Miles de eventos han sido convocados por redes sociales, que organizan, captan fondos y diseminan el descontento (Sarah Kessler en Mashable 14/10/11).

Acostumbrados a contar el malestar por número de manifestantes presenciales, los medios tradicionales estadounidenses, menospreciaron al movimiento, hasta que ya no fue posible, porque Ocupa Wall Street conseguía adeptos y simpatías en red de manera exponencial.

Los disidentes árabes, los acampados de Madrid y de Wall Street  inspiraron el movimiento global 15 de octubre conocido como el de “los indignados”. Desde Nueva York, pasando por Madrid, Londres, Tokyo, Santiago, Hong Kong y la Ciudad de México, manifestantes salieron a la calle para demandar un mundo más justo y freno a la voracidad del sistema financiero internacional, demandas globales, que se adaptaron a cada contexto nacional.

En la capital mexicana se reunieron unas 300 personas según asistentes consultados por esta investigadora. En contraste, en ciudades como Roma o Madrid y en pleno Times Square, las concentraciones fueron mucho más concurridas.

¿Qué tienen en común los indignados de India, los de Tokyo y los de Nueva York?  se preguntan algunos escépticos. Probablemente, parafraseando al Nóbel de economía Joseph Stiglitz, los unen las promesas incumplidas de la globalización.

Zigmunt Bauman, sociólogo autor del concepto de Modernidad líquida —necesario para comprender a la sociedad carente de referentes sólidos de la post guerra fría— señala que el movimiento muestra el desfase entre la economía mundial y la política nacional. La primera es global, lo cual, argumenta Bauman, provoca el malestar con la política doméstica arrastrada por el capital desterritorializado (El País, 17/10/11).

Quien es referente indispensable de la sociología contemporánea es escéptico por lo variopinto de la agenda de la indignación, que en cada contexto se hibridiza con lo local, haciéndose imposible un cambio en el sistema mundial. “A una demanda global , hay 100 respuestas distintas”, dice contundente.

Razones para el escepticismo sobran, pero esta movilización de indignados glocal (global + local) es una señal que debe servir de alerta los políticos de los diversos países, para trazar agendas y políticas públicas incluyentes.

Utopía o no, es un síntoma del malestar por la inequidad y la falta de oportunidades que ya no es privativo de los países pobres. Los “ninis” como se ha dado en llamar a los jóvenes sin empleo, ni educación,  esperanza, no sólo son de acá sino de todos lados.

El malestar ahora es global y local; la organización es horizontal, colaborativa y en la red. Como si fuera poco la información no necesitó a los medios tradicionales para dispersarse.

En los próximos meses sabremos si logra trascender de la calle, de las computadoras y los teléfonos móviles. También si logra escapar de oportunismos coyunturales y de estrategias de deslegitimación.

Independientemente de lo que pase, se trata de un movimiento que obliga a la reflexión.

 

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