Twitter, Google y la censura previa

In Opinión by María Elena Meneses

Este texto apareció originalmente en el noticiero de Antena radio con Mario Campos 7 de febrero de 2012.

por: María Elena Meneses
@marmenes
¿De quien es internet? La respuesta no es sencilla, pero resulta ineludible intentar ofrecer algunas pistas para articular una respuesta.

Los gobiernos pretenden controlarla por medio de la imposición de leyes y tratados, tendientes a garantizar la supervivencia del modelo industrial de la cultura. Las iniciativas SOPA y PIPA congeladas el pasado enero por el Congreso de EU, luego de la protesta encabezada por las empresas tecnológicas y organizaciones como Wikipedia son evidencia de cómo los intereses del Estado y las empresas, en el sistema económico preeminente, negocian y acuerdan frecuentemente a espaldas de los ciudadanos.

Los esfuerzos por proteger los derechos de autor en el entorno digital se han profundizado en los últimos años, se trata de una batalla económica en la que observamos dos modelos de negocio en pugna: la industria cultural tradicional y la característica de la era digital.

Si les ponemos nombre y apellido, de un lado tenemos a los gigantescos conglomerados del entretenimiento que poseen estudios cinematográficos

(Hollywood), sellos musicales y cadenas de televisión, entre otros muchos negocios y por el otro, Google,  Facebook y organizaciones como Wikipedia, que aunque defiende los mismos principios, no podemos meterla en el mismo saco,  pues ésta última  es una organización no lucrativa.

En esta batalla no hay aun nada para nadie, sino una pugna que se resolverá en términos de mercado. En contraste, los ciudadanos-internautas, que con nuestras prácticas culturales damos sentido a Internet estamos más indefensos que nunca.

A fines de enero Twitter, la red social que cuenta con más de 100 millones de usuarios en el mundo y que fue herramienta crucial en las movilizaciones sociales de África del norte anunció que retirará los tuits incómodos a petición de los gobiernos.

Cabe destacar que un 60% de los tuits se emiten desde fuera de los EU y casi la mitad provienen de países que hablan español ( Twitter blog, 2011).

Días después, Google a quien pertenece Blogger, plataforma para hacer blogs, anunció medidas similares de censura territorial.

Cada minuto  se escriben en Blogger 270 mil palabras y el 66.7% del tráfico de esta plataforma proviene de fuera de EU.

Algunas publicaciones estadounidenses, justificaron la decisión, que más allá de la libertad de empresa y un supuesto halo de transparencia erosiona para siempre el poder social que los internautas de Túnez, Egipto, Monterrey y Veracruz y de todo lugar agobiado por la censura gubernamental y la autocensura mediática le había otorgado.

La tecnología se culturaliza o es nada, nos recuerdan los teóricos constructivistas, paradigma necesario para entender la evolución tecnológica a partir de la sociedad y sus prácticas culturales.

La gente le da sentido a la tecnología, la acopla a sus necesidades e imaginarios y se representa en ella. A Twitter y a Google parece importarle poco “lo social” con tal de conquistar mercados vibrantes como el chino.

Los tuits y los blogs sí se verán, lo cual ayudará a los activistas, señalaron algunos sitios apoyando las medidas de estas empresas. Esto es relativo, las acciones colectivas como aquella marcha en Alejandría convocada ante el asesinato de Khaled Said, difícilmente serán articuladas en los países a través de estas herramientas, aunque de estas acciones se sepa en Australia  o en Nueva York y se tenga que esperar una “intervención del mundo democrático”.

El poder cívico de estas formidables herramientas sin duda, se ve erosionado. Además la denominada censura previa está prohibida por tratados internacionales de derechos humanos.

Uno de los efectos colaterales más dañinos de este tipo de medidas es la inhibición del uso de la red para el activismo y el disenso. ¿Quién querrá participar en Twitter para disentir o escribir un blog si éste va a ser retirado y censurado y etiquetado en su país?

¿De quién es Internet? ¿De los gobiernos, de las empresas o de la gente que le da sentido?

Es momento de pensar en desarrollos tecnológicos libres abiertos. A los Estados les toca invertir en desarrollo tecnológico e innovación tendiendo la mano a empresarios y universidades.

Estas medidas nos obligan a moderar toda expectativa democratizadora de Internet.

La filosofía detrás del software libre, debe ser retomada hoy más que nunca.

Lo que está claro es que el discurso de neutralidad de la red y del compromiso con la democracia tan pontificado por Twitter y otras empresas tecnológicas cuando negocian la SOPA o cuando burlan los controles estatales como sucedió en Egipto, argumentando un compromiso con la “libertad”, simplemente ya no será creíble.

Twitter is immoral.
Fotografía “Twitter is immoral” por WordRidden @ Flickr

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