Televisión digital ¿para qué?

In Opinión by María Elena Meneses

Publicado en El Universal

Si de distraer la atención sobre los problemas que padece el país se trataba, nada mejor que acudir a la televisión en un país en el que todo puede faltar: pan, trabajo y tranquilidad, pero no un televisor atado a una antena de conejo.

En mi época de corresponsal en la que recorrí este país desde Baja California hasta Yucatán así pude apreciarlo.

Los datos duros señalan una penetración televisiva en los hogares del país de 95%.

El anuncio del presidente Felipe Calderón de adelantar el apagón analógico de 2021 (como se había decretado en el sexenio anterior) a 2015 fue sorpresivo y contribuyó a desviar la atención de otros temas apremiantes, como la guerra contra el narcotráfico, los derechos humanos, los “ninis ” y el desempleo. Sin embargo en sí misma, la decisión de adelantar el apagón analógico es un acierto, toda vez que México era uno de los últimos países de la OCDE en concretar este paso inevitable, que de contar con voluntad política y convicción democrática, implicará más diversidad y pluralidad de contenidos, en un contexto de televisión terrestre en el que los mexicanos tenemos dos opciones: Televisa y TV Azteca.

El anuncio presidencial implica en primer término, la posibilidad de que el Estado recupere espectro para otros canales televisivos y servicios de telecomunicaciones; técnicamente, brinda mejor calidad  en la imagen y puede proveer servicios interactivos. En este último punto, la Unión Europea ha hecho énfasis en las posibilidades que se abren con la interactividad para  la participación ciudadana,  una de las bondades del estándar europeo de TDT  (DVB-T). México optó por el estadounidense ( ATSC) que según expertos, privilegia la calidad de la imagen en tanto que hay un tercero desarrollado conjuntamente por Japón y Brasil ( ISDB).

En el decreto

presidencial  publicado en el Diario Oficial el pasado 2 de septiembre, se enfatizan los beneficios de la competencia y diversidad que generará la recuperación del espectro, lo cual es incuestionable. Sin embargo hasta ahora,  y como lo ha planteado el presidente de la Academia Mexicana de Derecho a la Información, Raúl Trejo Delarbre no se conoce la estrategia para conseguirlo.

Pensemos en la posibilidad de tener una tercera cadena de televisión, o bien de construir una auténtica televisión pública autónoma, similar al modelo de la BBC en Gran Bretaña. Este es momento de concretar un sistema mediático pluricéntrico, que alguna vez el politólogo italiano Giovanni Sartori definió como el sistema de medios óptimo de la democracia.

En la actualidad hay diversas plataformas que llevan la señal de televisión digital  hasta los hogares como el cable, el satélite e Internet, no obstante la terrestre es la que predomina en México a diferencia de países como Estados Unidos, donde la penetración de los servicios de televisión de paga es muy alta.

De acuerdo al INEGI ( ENDUTIH,2009) 86.3% de los hogares mexicanos tiene aparatos analógicos, contra un discreto 13.6% que cuenta con digitales.

De las familias que tienen televisores digitales, 53.3%( 1.9 millones)  recibe la señal televisiva a través de televisión de paga ( cable o satelital); el resto, 46.7% (1.6 millones) tiene aparatos aptos pero no está suscrito a televisión de paga. Si se suman los hogares que no tienen aparatos digitales con estos últimos tenemos que casi el 90% de las familias mexicanas se beneficiarán con el decreto sobre la televisión digital terrestre.

Datos sobre la recepción de televisión digital a través de Internet (IPTV) no hay disponibles pero se deduce que es escasa, ya que es proporcional al uso de Internet de alta velocidad.

Como ha sucedido en países que ya concretaron la transición como España y Estados Unidos, el gobierno es quien apoya a las familias de bajos recursos a adquirir convertidores de señal digital. La SCT ha anunciado que brindará ese apoyo y lo que a algunos observadores inquieta, es que la repartición del “bono digital” para adquirir convertidores o televisores, tenga fines electorales. Por ello esta acción, deberá ir acompañada de un minuciosa observancia por parte de la autoridad electoral, de reglas transparentes y mecanismos de rendición de cuentas.

El valor real de la digitalización es la liberación del espectro, que favorezca la articulación de ese sistema mediático pluricéntrico  y competitivo, que incentive  la producción de una programación incluyente, diversa y de calidad.  Sólo así el anuncio presidencial será cultural y socialmente relevante. De lo contrario, seguiremos recibiendo la misma sopa pero en versión digital.

Imagen recuperada de: www.tecnologíahechapalabra.com

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