México: Mal desempeño en comunicación digital

In Hemeroteca, Opinión, Publicaciones by María Elena Meneses

Publicado originalmente en El Universal.

Hace un par de semanas la OCDE dio a conocer su reporte sobre el estado de la comunicación en los países que la conforman (OCDE, World Communications Outlook, 2013). México es parte de este organismo que está formado por una treintena de naciones y que tiene como objeto coordinar políticas económicas y sociales para maximizar su crecimiento.

El reporte —disponible en la red para su lectura— ofrece datos al año 2012 de los países miembros y de su desempeño en el ámbito de la comunicación digital que, a decir del organismo, ha tenido en los últimos dos años un impacto profundo y acelerado en la economía global. Ofrece datos muy interesantes, por ejemplo: entre 2020 y 2025 habrá 50 mil millones de dispositivos conectados a la red; en 2017 una familia con dos hijos adolescentes tendrá un promedio de 25 dispositivos conectados, cuando en 2012 tenía un promedio de diez.

Las ganancias del sector superan 1.6 trillones de dólares, con lo cual las poderosas empresas de telecomunicaciones se erigen en un vector de poder económico y político de relevancia en esta segunda década del siglo. Las empresas más importantes —que constituyen la columna vertebral de las redes digitales porque son las que brindan todos servicios de la economía digital— son, de acuerdo con el informe: ATT de Estados Unidos; NTT de Japón; Verizon de Estados Unidos (implicada en el escándalo de espionaje develado por Edward Snowden); Telefónica de España; y en noveno lugar se encuentra la mexicana América Móvil.

De esta forma, cuando hablamos de la red como patrimonio de los usuarios y como ágora democrática, no está demás la prudencia y recordar que la columna vertebral de la economía digital está formada por estas empresas con nombre, apellido y nacionalidad.

Con respecto al futuro de Internet, el estudio proyecta algunos escenarios, entre los que se encuentra la creciente evolución de la llamada “Internet de las cosas”, que es como se denomina a la comunicación entre dispositivos. Imagínese que a través de su celular pueda coordinar la lavadora, la cafetera o su automóvil. Rasgos de esta evolución de la red comienzan a ser parte de nuestra vida cotidiana y, a decir de los expertos, la interacción máquina-máquina será cada vez más central en la vida social y productiva de las personas.

Se escucha atractivo, pero para ello es necesario contar con banda ancha inalámbrica; tema relevante porque no todos los países están preparándose con la celeridad que la situación merece. La OCDE ha sido clara desde hace años y, de esta forma, reitera que las naciones requieren de un marco regulatorio eficaz y procompetitivo, así como de políticas públicas.

Sabemos que México cuenta con un marco legal procompetencia gracias a la reciente reforma constitucional en materia de telecomunicaciones. Sin embargo, las leyes reglamentarias están siendo redactadas por los legisladores, por lo que hacer pasar a la reforma del plano enunciativo a los hechos seguramente llevará algún tiempo.

Sin embargo, reportes como éste obligan a redoblar el paso. México es de los países con menor penetración de banda ancha; es la nación con menos direcciones IP per cápita; y es en donde los usuarios pagamos las tarifas más caras de Internet de alta velocidad (p. 215). En cuanto al rezago en la generalización de la Televisión Digital Terrestre hay seis países de la OCDE que en 2012 aún no culminaban la transición digital, entre estos México.

La transición digital, que permite la recuperación de espectro y mayor competencia, ya no puede esperar más ni ser rehén de intereses particulares. Habrá quienes digan como siempre que los reportes de la OCDE son inequitativos porque comparan a México —un país con una bajo PIB— con economías altamente desarrolladas, pero pese a las imperfecciones que pueden tener este tipo de informes, resulta innegable que nos dan una visión de perspectiva que nos ayuda a situarnos en el mundo y a compararnos, aunque no nos guste, con países altamente desarrollados.

Mientras México continúe con este rezago digital el resultado esperado será menos inversión, con un costo social importante que va desde el empleo hasta la educación. La reforma constitucional es un buen punto de partida para revertir esta situación, pero falta quizá lo más difícil: llevarla a los hechos.

Los legisladores que ya redactan las leyes reglamentarias de la reciente reforma constitucional en materia de telecomunicaciones deben estudiar y considerar diagnósticos como éste.

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