Los dilemas del periodismo mexicano

In Opinión by María Elena Meneses

Este texto apareció originalmente en la Gaceta Ethos de la Escuela de Humanidades del Tecnológico de Monterrey Campus Monterrey, el 26 de julio de 2011.

En México a diferencia de otros países democráticos, no son comunes los códigos de ética periodística y estatutos de redacción que le permitirían mantener su autonomía editorial con respecto a poderes externos, ya fuere el gobierno, las empresas o el propio crimen organizado.

Luego de un siglo caracterizado por su dependencia endémica con el poder político y con la publicidad oficial, el periodismo mexicano que adeudaba a la sociedad mexicana trabajar para conseguir su autonomía editorial y financiera, acabó presa de la confusión por la violencia.

Su autonomía frente al poder político y empresarial; la profesionalización de sus prácticas y la necesidad de buscar mecanismos para autorregularse, mediante códigos deontológicos quedaron en suspenso ante la gravedad de la situación, que no sólo se traduce en crímenes en contra de los periodistas, sino en un creciente clima de intimidación que obstaculiza la labor de informar.

De 2000 a marzo de 2011 de acuerdo a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 69 periodistas fueron asesinados y la mayoría de las investigaciones permanecen abiertas.

Sin parámetros de autorregulación, la prensa mexicana ha tenido que decidir al vuelo entrevistar o no a un criminal; dejar de informar sobre el secuestro de un prominente político o mostrar u ocultar la crueldad de los sanguinarios ajustes de cuentas en las primeras planas o en los sumarios de los noticieros televisivos.

Por su lado el gobierno federal, no ha escapado a su intención de tener de aliada a la prensa montando capturas de delincuentes en horario triple A y llamándola a no hacer apología de la violencia.

Los medios y el gremio periodístico en México, adeudan a sus lectores criterios editoriales mínimos bajo consenso para la cobertura y exposición de la violencia, han habido intentos, como el reciente pacto promovido por las televisoras, pero no es suficiente .Todo código de buenas prácticas es inoperante, si no va acompañado de instancias de observancia y medición de resultados.

En toda sociedad los medios son parte de un sistema que requiere de una gobernanza multisectorial. En México es urgente la actualización de un marco legal para la prensa escrita y la radiodifusión; las empresas mediáticas tienen la obligación de responder al interés general por encima de sus intereses privados, así como promover códigos de autorregulación e instancias de observancia. A los periodistas corresponde profesionalizarse y conducirse con responsabilidad. A los lectores, televidentes, radioescuchas e internautas, exigir coberturas de calidad.

Ante el clima de violencia corresponde al Estado garantizar la seguridad de los informadores.

Los medios en una sociedad democrática tienen la función de forjar ciudadanía, de crear opinión pública y de articular una cultura de rendición de cuentas. Son muy importantes para la salud de la vida pública, como para dejarlos únicamente en manos de las empresas mediáticas y los periodistas.

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