La red en campaña

In Hemeroteca, Opinión, Publicaciones by María Elena Meneses

Este texto apareció originalmente en Blog Virtualis – El Universal, el 5 de abril de 2012.

Por María Elena Meneses
@marmenes

Sobre el papel de las redes sociales en el actual proceso electoral hay exceso de discursos y escasez de evidencias que nos permitan realizar afirmaciones contundentes. Con frecuencia señalo que la sociología política lleva desde hace décadas estudiando la relación televisión-procesos electorales, sin lograr reunir las evidencias necesarias para establecer consensos; mucho menos los reúne sobre estas extraordinarias plataformas digitales, novedosas para mi generación y un lugar casi común para quienes nacieron a fines del siglo pasado.

No hay día que los diarios dejen de publicar cuántos seguidores tiene tal o cual candidato o candidata en Twitter, cuántos “me gusta” han conseguido en Facebook, o cuál de todos fue el más maltratado o arrollado por los tuiteros.

Su relevancia está dada porque mucho de lo que tiene lugar en el entorno online tiene repercusiones en el mundo offline, si no fuera así, difícilmente tendrían resonancia en un país televidente.

Las redes entran a la articulación de la opinión pública en torno a partidos y candidatos como actor ineludible, pero cuyo mensaje requiere ser amplificado por los medios tradicionales para ser más visible y potente.

Algunas empresas dedicadas a medir el tamaño de las redes sociales señalan que en México somos 33 millones de usuarios de Facebook (Socialbakers, 2012) y 10 millones de tuiteros (Semiocast, 2012). Cifras que por sí solas no dicen nada.

¿Cuántos de estos usuarios participan activamente en asuntos políticos? ¿Cuántos tuiteros son escuchados por sus interlocutores? o como sugiere la profesora estadounidense Danah Boyd, ¿acaso tuitear no es como gritar al vacío?

En enero pasado una encuesta de Consulta Mitofsky arrojó datos interesantes, que aunque deben de ser contrastados con otros estudios similares no dejan de ser preocupantes: 55% de los usuarios de Facebook y 50% de los de Twitter no están interesados en la política.

Al 29 de marzo, los cuatro candidatos reunían poco más de 3 millones de “me gusta” en Facebook, cuando somos 15 millones de ciudadanos internautas en edad de votar y casi 80 millones en la lista nominal de electores.

Una de las preguntas más recurrentes es si las redes definirán o no la elección. Si no hay consensos sobre el papel de la televisión, menos sobre las redes, por lo cual deslizar una opinión es arriesgado.

Algunos optimistas aluden con frecuencia al éxito de Barack Obama en su camino a la presidencia en 2008. En efecto, los demócratas hicieron una campaña envidiable en la red: reunieron fondos, movilizaron a millones en el mundo offline y, según el sitio barackobama.com, recibieron más de 15 mil ideas a través de las redes. Pero la crisis de 2008 y la guerra en Irak son variables a tomar en cuenta antes de sugerir que su triunfo se debió sólo a Google y Facebook.

La conectividad en Estados Unidos es de casi 80% y los ratings de los noticiarios Prime Time —aquellos que vivieron días de gloria en tiempos de Dan Rather, Peter Jennings y Tom Brokaw— están a la baja. Además, a decir de diversos estudios como los realizados por el Centro Pew, los estadounidenses son muy participativos en los entornos de la web 2.0.

Del “like” a la urna hay mucho trecho y hacen falta estudios de corte cualitativo sobre lo que sucede entre el dar “click” y su refrendo en las urnas el día de la elección.

Con frecuencia escucho afirmaciones como ” todo mundo está en Twitter y en Facebook”. Pero nos referimos a ciudades como el Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey, con realidades difícilmente generalizables a todo el país.

Y sin embargo se mueven

Las redes —a pesar de no contar en nuestro país con suficientes conectados e interesados en la vida pública— son distintas a los medios tradicionales, favorecen la libertad de expresión, redistribuyen la influencia, son autorregulables y tienen un enorme potencial cívico.

Para muchos representa un respiro informativo ante la televisión que tenemos, los periódicos y la radio, salvo honrosas excepciones que en nuestro sistema mediático, son los menos.

Quizás tenemos un problema de enfoque del problema, lo importante no es si van a definir la elección o si el que tiene más seguidores y “bots” obtendrá más votos.

Lo relevante es si contribuirán a mejorar la democracia, si los candidatos están dispuestos a incorporar a los ciudadanos en la elaboración de propuestas y listos para hablarles de forma directa y transparente. La red es un espacio propicio para ello.

También las redes son el escenario propicio para mostrar que están dispuestos a dignificar la política y a mejorar la calidad del espacio público. Como ciudadanos internautas debemos exigirlo y estar a la altura de las circunstancias participando de manera significativa para la vida pública rechazando la intolerancia, el insulto; los acarreos digitales y otras viejas trampas disfrazadas de “bots” y “trolls”.

¿Qué  definirá las elecciones? Ni Facebook, ni la televisión, ni el mejor spot, ni una encuesta y, mucho menos, una actriz de telenovela. Las elecciones se definirán con   los mexicanos que vayamos a votar el primero de julio.

Twitter Profile
Fotografía “Twitter Profile” por Rosaura Ochoa @ Flickr

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