La Estrategia Digital Nacional tiene lo básico, pero le falta

In Opinión by María Elena Meneses

Artículo publicado originalmente en CNN México

A solo unos días de cumplir un año como presidente de México, Enrique Peña Nieto presentó la tan esperada Estrategia Digital Nacional (EDN) con las principales líneas de acción gubernamental para conducir a México a la denominada Sociedad del Conocimiento —aquella que usa eficientemente las tecnologías para el desarrollo humano—.

De acuerdo con el gobierno mexicano, esta estrategia busca que en cinco años México ocupe el primer lugar de América Latina en los rankings que miden el grado de digitalización de las naciones, la innovación y la apropiación social de la tecnología.

El objetivo de la estrategia, anunciada en el emblemático e imponente Museo Nacional de Antropología, es ambicioso y se observa más que difícil. Brasil, Chile, Uruguay y Colombia aventajan en diversos indicadores porque se han anticipado a México con agendas digitales contundentes para cerrar la brecha digital — conocida como la distancia que separa a los ciudadanos conectados de los que no tienen esa posibilidad—.

Además, estos países han realizado planes de inclusión social digital que permiten a las personas adquirir habilidades para desenvolverse en ambientes digitales para su vida productiva, educativa, cívica y afectiva.

La EDN era esperada con grandes expectativas porque la digitalización del país no había sido una prioridad de los dos gobiernos anteriores. No es exagerado señalar que México tiene un rezago de más de una década, lo que obliga a apresurar el paso para que el país no quede al margen de la era informacional.

La EDN contiene cinco temas eje y el primero es la transformación gubernamental a través de las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs), cuya línea de acción fundamental es una política de datos abiertos. Ésta es la propuesta más significativa de la estrategia del gobierno del presidente Peña Nieto, ya que de concretarse podría promover la transparencia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana.

Antes, por supuesto, hace falta trabajar en la creación, sistematización e interoperabilidad de los datos, que no es cuestión de un lustro —como lo demuestra la experiencia internacional—, porque para empezar requiere de capital humano especializado. Sin embargo, México es signatario de la Alianza por el Gobierno Abierto promovida por el presidente Barack Obama, a la que se han unido más de 50 naciones.

Un retraso en el cumplimiento de los compromisos de dicha alianza sería un serio revés para el país, por ello no cabe duda que para el actual gobierno mexicano es una prioridad.

El segundo punto de la estrategia es la educación de calidad, rubro preeminente que, desde mi punto de vista, es débil en la estrategia.

Proponer dotar de computadoras, de contenidos y de materiales pedagógicos a las escuelas públicas de México resulta solo un buen deseo cuando no va acompañado de un categórico plan de incorporación tecnológica universal desde la infancia temprana y de la capacitación digital a los docentes.

Programas como el CEIBAL de Uruguay, aunque perfectibles, constituyen un buen referente de inclusión digital educativa en América Latina con amplio alcance para disminuir la brecha digital.

El plan del gobierno mexicano Mi Compu Mx dotará de computadoras a los alumnos de quinto y sexto grado de primaria de escuelas públicas en tres estados, en lo que llaman una fase piloto. Éste es un proyecto que para el rezago digital del país, que mantiene al margen de la conectividad y la inclusión a 70 millones de mexicanos, camina lento en relación con los cambios educativos del mundo contemporáneo.

En este aspecto destaca la línea de acción de acceso universal a la cultura por medio de las TICs, lo que de cumplirse a cabalidad significaría que México objete la criminalización de los internautas. Situación que buscan acuerdos comerciales como el Acuerdo Transpacífico (TPP) y leyes domésticas que, mediante los proveedores de Internet, pretenden vigilar las prácticas culturales de los usuarios de la red.

En la actualidad, la cultura en sentido incluyente abarca la pluralidad de expresiones dentro y fuera del mercado con derechos de autor, con licencias creative commons, o bien, libre. Los mexicanos habremos de constatar en los hechos qué es lo que el gobierno entiende por acceso universal a la cultura por medio de las TICs.

Otros rubros no menos relevantes son: e-Salud, economía digital y seguridad. De estos destacaría la intención de que los mexicanos cuenten con un expediente clínico único y la promoción del comercio electrónico, en un país donde hace falta articular un mercado vibrante de internet. En cuanto a seguridad es destacable la urgente utilización de las TICs para denuncias ciudadanas y para mitigar los efectos de desastres naturales.

Son unas 80 líneas de acción alrededor de los cinco ejes que descansarán a su vez en cinco habilitadores: Conectividad, Interoperarabilidad, Inclusión digital, Marco jurídico y Datos abiertos. Podríamos sugerir que se trata de una estrategia que cumple con los enunciados básicos para acercar al país la Sociedad del Conocimiento.

Además debe reconocerse que la coordinación de Estrategia Digital que encabeza Alajandra Lagunes se tomó el tiempo para escuchar a diversas voces, lo cual es loable toda vez que estrategias de gobiernos anteriores habían sido anunciadas desde sectores específicos, sin el concurso o al menos opinión, de actores provenientes de diversos ámbitos relacionados con las TICs.

Sin embargo, la experiencia en México nos ha vuelto a los observadores y analistas muy escépticos con planes de acción que se anuncian con espectacularidad y reflectores que contrastan con los magros resultados que a la larga ofrecen.

Faltan en la EDN indicadores de medición de resultados, así como una ratificación contundente de las dimensiones éticas de la Sociedad del Conocimiento, es decir, valores que deben impedir que la tecnología se use con fines perversos como el espionaje, la censura, el crimen y la vulneración de la presunción de inocencia. Una suerte de lineamientos para la gobernanza multisectorial de la red, la navegación segura que potencie la inversión, la innovación y, más que nada, el desarrollo de las personas.

El escepticismo no significa descalificar lo que podría convertirse en detonante del desarrollo humano de los mexicanos, para lo cual se requiere de un marco jurídico apto y de políticas públicas responsables.

En los próximos días el legislativo deberá aprobar las leyes secundarias de la reciente reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, que es la base jurídica de esta EDN porque, entre otras cosas, eleva a derecho fundamental el acceso a los servicios de telecomunicaciones, banda ancha e Internet.

La reforma y sus leyes reglamentarias constituyen el punto de partida de la EDN, por lo cual resulta urgente  que se cumpla con el plazo establecido para su promulgación, un retraso sería una muy mala señal para las pretensiones de la EDN.

A partir de estas normativas los ciudadanos estaremos en posibilidad de permanecer atentos para reconocer avances en el trazo de políticas públicas y proyectos específicos, pero también para señalar tropiezos y demandar el cabal cumplimiento de los compromisos. En el caso de la Estrategia Digital Nacional aplica la frase atribuida a Santo Tomás: Ver para creer.

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