Gadafi: Muerte en tiempo real

In Opinión by María Elena Meneses

Columna del 25 de octubre para el noticiero Antena Radio del IMER con Mario Campos

¿Los medios tenían obligación informativa de transmitirlas?

Es una pregunta que obliga al análisis de la responsabilidad de los medios de comunicación y el papel de Internet y las redes sociales, que diseminan información en instantes.

Así como la guerra civil española fue la de los fotoperiodistas de guerra como el célebre Robert Capa y la de Vietnam la guerra de las cadenas norteamericanas de televisión, las revoluciones árabes han sido las revueltas de las multitudes emporderadas con teléfonos celulares, con los que captan acontecimientos para filtrarlos a sitios de Internet o bien, a los propios medios tradicionales, que se han convertido en clientes de los denominados reporteros ciudadanos.

La Agencia France Press fue la que circuló por vez primera una fotografía captada por un celular, se trataba de una imagen del dictador con la cara sangrante; más tarde un video fue transmitido por la cadena Al Jazeera, la televisora árabe basada en Qatar, que sin soslayar que promueve la libertad de expresión en estos países acosados por la más condenable de las censuras y que pese a tener entre sus fundadores a ex periodistas de prestigiados medios europeos, ha  destacado por promover los movimientos de liberación en el mundo árabe mediante videos de aficionados; escenas sangrientas; imágenes de terror y pánico sin muchos cuestionamientos de orden ético.

De hecho su portavoz Omar Saeed reconoció que el video de Gadafi fue obtenido así y que no dudaron en  hacerlo público de inmediato.

De esta forma, Al Jazeera transmitió el  escalofriante video de 29 segundos que entrará a formar parte de la memoria histórica sobre las revoluciones en África del Norte, en la que se mira la escena completa, en la que Gadafi aparece vivo y unos minutos después en medio de un caos, gritos y confusión se mira moribundo o muerto, con un balazo en la cabeza y otros en el cuerpo.

Los medios del mundo reprodujeron estas imágenes como una obligación noticiosa.

En la mañana del jueves, algunos medios con estándares éticos sobre todo estadounidenses y europeos tomaron la decisión salomónica de alertar a sus audiencias de que las imágenes podrían ser incómodas.

En los portales noticiosos como los de la BBC, el NYT, WP, El País así lo hicieron; otros aun más cautelosos como The Guardian alertaban de que el video no había sido verificado.

En la televisión en cambio tanto en las cadenas internacionales como en algunas mexicanas no hubo alerta sobre todo a televidentes.

Y es que las redes digitales tan ubicuas, intensivas y demandantes, han puesto una camisa de fuerza a los medios tradicionales que parecieran sentirse avasallados por la inmediatez de las redes.

En rapidez, ni el mejor de los medios puede ganar a Twitter y YouTube; como tampoco el mejor de los corresponsales puede competir con miles de aficionados con celulares que en conflictos actuales, juegan un papel testimonial y diría yo casi notarial;  pero sí  en cambio, pueden hacerlo en lo periodístico, lo cual no sucedió ese día.

La noticia fue el video del tirano abatido en un enfrentamiento violento, no así, las circunstancias de la muerte; ni las implicaciones del hecho histórico y el futuro de ese país pobre, sin libertades, que en los últimos meses de revuelta cobró la vida de 30 mil personas.

Tampoco la colaboración que algunos países europeos, académicos y líderes occidentales mantuvieron en secreto con el dictador libio, que llegó a proveer fondos a prestigiadas universidades británicas.

Mucho menos, vimos en los medios un cuestionamiento de orden jurídico y ético al Consejo Nacional de Transición y la OTAN sobre lo que pareció un ajusticiamiento extrajudicial, que de confirmarse, sería ilegal ante el derecho Internacional.

Cuestionamientos, que no vimos en muchos  medios distraídos por lo emocional y estrujante de unas imágenes sangrientas y arrastradas por los discursos de júbilo y algarabía por la venganza acometida en contra del  tirano, que nadie exculpa de sus atrocidades.

Emociones que un medio tradicional debiera mirar bajo la lupa de la razón, pero en la era Internet, el periodismo se encuentra atravesando por una crisis de identidad profunda.

Aquí es necesario volver a una pregunta básica: ¿Para qué  sirve el periodismo? ¿Para traernos en vivo la muerte del dictador? Me parece que no.

Desde la teoría democrática el periodismo sirve para forjar opinión pública; para coadyuvar a articular una cultura de rendición de cuentas y para crear un sentido de comunidad a partir de la explicación y el análisis de problemas que afectan a la sociedad.

Para cumplir con esa función se requiere de una vocación investigativa y de una mirada contextual.

Me temo que ante lo avasallador que resulta en la actualidad que cualquiera puede captar un hecho y hacerlo público, los medios se extravían cada vez más en su labor.

Poco antes de morir, la escritora estadounidense Susan Sontag escribió un lúcido ensayo sobre la representación del dolor a través de las imágenes; su uso ideológico y sus posibles efectos en los individuos.

Las imágenes de la muerte de Gadafi son clara muestra de ese periodismo maniqueo, de buenos y malos que olvida en aras de ganar audiencias su función social, que se queda atrapado en una imagen estrujante y en una narrativa caótica que es la del momento en que los hechos tienen lugar.

¿Qué efectos tienen estas imágenes en las personas, en los jóvenes, en los niños?. Mucho se ha estudiado pero no hay consenso científico, pero  como sugiere Sontag probablemente el efecto es la indiferencia que nos convierte en una audiencia contemplativa a la que se arrebata la capacidad de análisis.

Pese a que los medios están presentes en nuestra vida cotidiana, poco se ha comentado sobre el hecho .

La BBC pidió disculpas a su audiencia y justificó su decisión editorial bajo el argumento de que ante los rumores sobre la muerte del dictador optaron por mostrar la evidencia.

Un debate necesario sobre todo en países como México en que poco se ha dicho sobre el papel de los medios en un ambiente de violencia con toda la apertura  e inclusión que el caso amerita.

Los medios son muy importantes para la vida pública y analizar lo que pasa en ellos y las implicaciones de lo que transmiten o dejan de transmitir, resulta impostergable.

En la sociedad de las redes ubicuas,  es difícil que los medios se abstraigan de lo que pasa en Internet, pero es su deber  proteger y respetar a quienes no quieren ser partícipes de la muerte en tiempo real.

*Imagen: captura de pantalla de la nota “Gaddafi Dead Photos: Libyan Dictator Killed, Images Confirm” del 20/10/2011 en The Huffington Post, por Dean Praetorious.

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