Facebook y la magia de socializar a punta de ‘likes’

In Opinión by María Elena Meneses

Artículo publicado originalmente en CNN México

Si fuera país, sería el tercero más poblado del mundo —luego de India y China—, con 1,310 millones de usuarios activos al mes.

Lo que comenzó como un experimento escolar en la Universidad de Harvard, es un emblema generacional que ha revolucionado la sociabilidad y ha marcado la pauta sobre cómo hacer negocios en internet.

Podemos decir que en la historia de la red hay un antes y un después de Facebook, un entorno que se ha convertido en parte de la vida cotidiana de sus usuarios. De acuerdo con datos de la empresa, cada 20 minutos se comparten un millón de ligas, se realizan 2 millones de peticiones de amistad y se envían 3 millones de mensajes, conformando una energía social y emocional inimaginable en el ciberespacio.

Energía que la empresa fundada en 2004 por Mark Zuckerberg ha sabido traducir en enormes ganancias. Según la consultora Statistic Brain, en 2013 estas ascendieron a 6,150 millones de dólares. Nada despreciable cuando hace 10 años la idea apenas salía de un dormitorio universitario.

Facebook nos hace responder lo que nos gusta a cada instante, pero, ¿por qué nos gusta Facebook? Podemos dar respuestas diversas, sin embargo, podría sugerir que es la necesidad que tenemos los seres humanos de estar en contacto con otros y de reafirmar nuestra identidad ante los demás. Es una ventana en la que construimos cómo queremos vernos ante los otros, ya sea populares, divertidos, sabios, contraculturales o conservadores.

América Latina no se ha abstraído de sus encantos. En México, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Internet, un 96% de los usuarios tiene un perfil en Facebook lo que equivale a 43 millones de personas. En Brasil, que es el país de la región con mayor número de usuarios según la consultora We are social, hay 86 millones.

La primera década de Facebook no ha estado exenta de problemas y controversias. Desde la demanda de los hermanos Winklevoss a Mark Zuckerberg por supuestamente haberles robado la idea, hasta las demandas por afectaciones a la privacidad, han puesto a la red social en situaciones comprometidas. A estas alturas nadie duda que el negocio de Facebook es la publicidad que atrae a cambio de  datos, el insumo que damos a cambio de socializar. Una transacción poco clara para los usuarios, que cada vez le demandaremos un manejo más escrupuloso de nuestra información personal.

A 10 años de su lanzamiento muchos avizoran el fin de Facebook, en lo que parece más campaña de desprestigio que análisis riguroso. Si bien los sitios virales están de moda y el crecimiento de uso de aplicaciones de mensajería es exponencial, cientos de millones de personas han incorporado Facebook a su vida afectiva. Los jóvenes entre 14 y 34 años son el segmento poblacional que mayoritariamente lo usa, pero poco a poco ha conquistado el “me gusta” de adultos e, incluso, adultos mayores.

Queda por verse qué pasará con las nuevas generaciones de internautas nacidos en la era post Facebook que probablemente le demanden algo más que Candy Crush y a quienes quizá no guste incursionar en una red social en la que están sus padres.

No solo nuestra vida afectiva corre incesante en los muros de la red, hasta la política contemporánea va al ritmo de Likes. No hay político que no haya instrumentado campañas en esta red social, ni activista que no se la haya apropiado para reclamar injusticias o derrocar a un dictador, como en la primavera árabe, llamada para algunos excéntricos la ‘Revolución Facebook’ —lo que considero un despropósito intelectual y una buena campaña publicitaria—.

Si alguna empresa se ha sobrepuesto a la adversidad es Facebook. Luego de un derrape cuando salió a la bolsa de valores, hoy goza de buena salud y sus creativos sin duda trabajarán en conquistar los mercados de economías emergentes, que son los que pueden abonar a su crecimiento —que considero ya no será tan espectacular, porque su tope será la pobreza y las capas de la población desconectada de Internet—. No en balde, hace algunos meses la empresa anunció su ambicioso proyecto Internet.org para conectar al mundo en desarrollo a bajos costos y, para conmemorar su décimo aniversario, anunció su nueva aplicación: Paper.

En esta segunda década de existencia, se pondrá a prueba la genialidad de sus creativos y la sustentabilidad de su modelo de negocio, que requerirá desplegar más que buenas ideas para seducir a una generación nacida en este siglo que con desplante le diga en su muro, sin titubeos: “no me gustas”.

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