Etica hacker y el espíritu de Julian Assange

In Opinión by María Elena Meneses

Publicado en El Universal

Terrorista, espía, anarquista, criminal son sólo algunos rasgos que se  le han atribuido  a Julian Assange, el creador de Wikileaks el sitio de Internet que ha hecho añicos la imagen de la diplomacia estadounidense y que según algunos, representa el fin de la seguridad  del Estado Nación, una aseveración un tanto exagerada, pero a tono con la histeria colectiva desatada por el cablegate.

¿Quién es Julian Assange? Se sabe que nació en Townsville al noreste de Australia en 1971 en el seno de una familia no convencional, la educación formal no le convencía a su madre Claire, quien deseaba una formación abierta para su hijo, aunque más tarde estudiaría matemáticas y física en la Universidad de Melbourne.

Según el espléndido reportaje de perfil de Rafi Khatchadourian en la revista The New Yorker, la primera Commodore 64 llegó a manos de Julian a los 16 años en la cual aprendió a hackear y a poner en marcha su incipiente inquietud por incomodar a los Estados y las empresas, lo cual cumplió cuando logró infiltrarse en los archivos de la firma canadiense Nortel.

Asiduo lector de la obra de Solzhenitzyn y de Kafka, Assange se forjaría un espíritu hacker, cuyo rasgo sobresaliente es la libertad  y la disolución de todo aquello que controle a la humanidad, mediante la tecnología, una perspectiva que a algunos consideran ingenua e irresponsable.

Hace algunos años el finlandés Pekka Himanen escribió el indispensable libro La ética hacker y el espíritu de la era de la información, emulando el clásico estudio de Max Weber pero en el marco del capitalismo digital. Himanen describe  a los programadores informáticos como aquellos que se autoimponen la misión  de facilitar el acceso a la información, como parte de una ética postcapitalista y un espíritu desafiante – alternativo al que denomina: Etica hacker.

La palabra hacker no siempre ha tenido la connotación de criminal informático, en los sesenta, los programadores del Tecnológico de Massachusetts  se autodenominaron así. Por un lado están quienes deciden entrar la mercado ( Jobs-,Gates, Zuckergberg) y los que optan por operar en franca oposición ( Torvalds, Stallman y el propio Assange).

Algunos de los atributos del hacker según la obra del investigador finlandés (prologada por el creador del SO Linux, Linus Torvalds y cuyo epílogo corrió a cargo de Manuel Castells) son en primer lugar la creatividad y una  personalidad orientada por valores post capitalistas es decir, ni por el dinero, ni en el marco emocional- familiar, ni encaminados a tener un trabajo de 9 a 5, sino todo lo contrario. Assange ha vivido en aeropuertos y en casas de amigos de toda Europa, siendo fiel a una existencia itinerante.

La vida de Assange tiene algunos rasgos que encajan en la tipología de Himanen y en la personalidad de aquellos que defienden el software libre, que condenan la secrecía de las negociaciones del ACTA ( Anti counterfeiting Trade Agreement),  que luchan por la libertad sin restricciones en Internet y la libre circulación de contenidos a lo cual, atribuyen una dimensión ética.

Lo que hemos presenciado como audiencias mediáticas estas dos semanas es un choque de paradigmas y valores característico de este siglo. La aprensión de Assange por un lío sexual que resulta un perfecto montaje, es sólo una pausa aparente en un esquema rígido en el que como dice Umberto Eco, los poderes controlan al ciudadano resistiéndose a que la información y su connotación simbólica de poder, pueda ser manejada al margen de sus estructuras.

Pausa aparente, momentánea y paliativa porque a estas fechas ya se contabilizan  más de mil webs espejo de Wikileaks  y la Asociación de hackers Anonymous, se ha propuesto reivindicar a Assange.

En realidad los cables no revelan nada extraordinario que haya puesto en jaque al Estado Nación, se trata del inicio de la batalla por la información y el poder en este siglo, que obliga a redefinir paradigmas y a rearticular el orden informativo  en la era post Internet.

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