Eternidad virtual y datos personales

In Opinión by María Elena Meneses

Columna en el noticiero Antena Radio del IMER con Mario Campos el 1 de noviembre de 2011.

Una de las leyes de la existencia humana es la inevitabilidad de la muerte, la que está siendo desafiada por la tecnología. Dicho de otra forma, ¿ cuántos de nosotros nos hemos puesto a pensar en qué pasa con nuestros perfiles en las redes sociales; con nuestros sitios si es que en vida decidimos abrir alguno; con nuestras cuentas de correo y otras aplicaciones a las que en vida damos no sólo nuestros datos biográficos, sino cada rastro de nuestra experiencia cotidiana?

Es una pregunta que hasta el día de hoy no tiene respuestas claras por parte de los Estados y legislaciones; ni por parte de empresas, porque es un fenómeno novedoso y como suelo decir frecuentemente, la tecnología evoluciona más rápido que el conocimiento de sus efectos.

Nuestros datos personales son el insumo a través del cual  funciona la sociedad digital, desde los servicios gubernamentales, bancarios, hasta las plataformas de socialización y entretenimiento

como las redes sociales son sustentables, gracias a la información que proporcionamos la mayoría de las veces pasándonos de largo las políticas de privacidad.

En las redes sociales nos sólo vertimos datos personales sino que además construimos nuestra identidad,  conformada por datos que van desde nuestro origen étnico hasta características de nuestra vida familiar o ideología.

La mayoría de los usuarios no nos ponemos a investigar en vida, que pasará con nuestro acervo de claves, de cuentas, de videos, de fotografías, perfiles virtuales una vez que hayamos muerto. No todos los sitios especifican lo que hacen con nuestros datos después de nuestra muerte. Otros han comenzado a adoptar medidas.

Algunas empresas  que brindan servicios de correo, desactivan las cuentas tras largos períodos de inactividad y otras, a petición de algún familiar  entregan un CD,  a cambio del acta de defunción.

¿Qué pasa con las rede sociales?

En Twitter es necesario enviar una notificación del fallecimiento para que la cuenta sea retirada. Foursquare por el momento no lo especifica y qué sucede con  Facebook ,que tiene más de 600 millones de usuarios en el mundo y que según algunas consultoras registrará en 2011 un promedio de un millón y medio de decesos…

El caso de FB es muy interesante, porque en los últimas años ha enfrentado duras críticas  por el manejo poco escrupuloso que hace de los datos personales.

De esta forma luego del asesinato masivo de estudiantes en el Tecnológico de Virginia en 2007 creó el Memorial, que es un procedimiento para proteger a su manera, claro, los datos de los fallecidos, en los que sólo los amigos pueden ver y escribir mensajes a manera de homenaje y a la que ya no pueden agregarse amigos.

De esta forma muchos de nosotros tenemos amigos o incluso familiares que han fallecido, cuyos perfiles siguen abiertos y en los cuales podemos escribir algún mensaje en su memoria.

Cuando una persona desea pedir un memorial por alguien a Facebook, el procedimiento no es tan complicado ,se hace en línea a una dirección puesta a disposición para tal fin,  en la que se solicita nombre, dirección de correo, la relación con el usuario fallecido y la prueba del fallecimiento.

Sin embargo estos homenajes virtuales,  por muy novedosos u originales que nos parezcan no resuelven en toda su complejidad el tema de nuestra identidad pos mortem, ni ponen fuera de peligro nuestros datos personales.

Recordemos que los usuarios de estas redes, vinculamos un sinfín de cuentas, lo que nos mantiene de una u otra forma vivos en el mundo virtual.

Afortunadamente, en México contamos ya con una ley de protección de datos personales en posesión de particulares, que faculta al IFAI  para tal protección. Este tipo de leyes forman parte de un marco jurídico para la sociedad digital que en el contexto mexicano es novedosa y que entra en vigor en 2012.

Su objetivo es proteger nuestros datos para impedir su transmisión ilícita y lesiva en contra de nuestra dignidad.

Como toda legislación será exitosa, si va acompañada de nuestra co-responsabilidad como usuarios cuando manejamos nuestros datos.

¿Qué podemos hacer?

Como ya sucede en otros países, es necesario que vayamos incorporando a nuestras prácticas digitales leer con cuidado las políticas de privacidad antes de ofrecer nuestros datos a cualquier sitio de Internet.

Por supuesto que es necesario también conocer la ley de protección de datos para saber qué derechos protege y en qué circunstancias. Tampoco está de más incorporar a nuestro testamento tradicional, uno digital, es decir nombre de usuario y password de todas las aplicaciones que usamos y nombrar a  un  representante legal, para que una vez  que hayamos muerto, tener a alguien que vele por nuestros datos en el entorno digital…

Se trata de un  tema que preocupa a los gobiernos del todo el mundo, a las empresas y  por supuesto a ciudadanos, los cuales debemos trabajar de manera co responsable toda vez que hemos incorporado a la tecnología a nuestra vida productiva , social e incluso afectiva.

Los fenómenos que detona la digitalización de casi todas las actividades de los individuos de este siglo, sólo pueden ser resueltos de forma multisectorial en la que nosotros no estamos exentos.

Nuestra privacidad en Internet antes y después de la muerte es un tema sobre el cual aun hay mucho por decir , descubrir y regular.

La jurisprudencia en torno a Internet está en franca construcción.

Es de relevancia una reunión que tiene lugar esta semana en la Ciudad de México organizada por el IFAI justamente sobre este tema complejo que representa un serio desafío para gobiernos y ciudadanos.

Foto: “The lonely walk” por Vinoth Chandar @ Fotopedia

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