Desde China hasta Veracruz

In Opinión by María Elena Meneses

Por María Elena Meneses

El  indignante caso de los tuiteros de Veracruz María de Jesús Bravo y Gilberto Martínez detonó en México, el inevitable tema de la libertad de expresión en Internet. No es un tema menor sino el inicio de una dura batalla en el presente siglo, toda vez que la red se ha convertido en un medio central para el ejercicio de este derecho fundamental lo cual, incomoda a las instituciones y poderes tradicionales.

Sin distinción países autocráticos y democráticos han dejado ver el pánico que les provoca, el hecho de que los usuarios tomen en sus manos las herramientas digitales para autocomunicarse, lo que justifica adjudicarle a Internet el calificativo de medio inédito y disruptivo.

En la red todo aquel que tenga acceso y capacidades digitales puede entrar al ciclo comunicativo, provocando una desverticalización del tradicional flujo informativo, dando lugar a un circuito comunicativo complejo de muchos a muchos y que además cualquiera puede interrumpir, remezclar o modificar.

El pánico por esta democratización que implica para los poderes tradicionales la pérdida de control, se expresa la industria del entretenimiento cuando cabildea el ACTA (Anticounterfeiting Trade Agreement). Es el mismo que manifiestan gobiernos que adoptan  leyes que criminalizan a los usuarios de sitios P2P, como la Ley Sinde  (España) o la Ley HADOPI (Francia). También el que se devela cuando dictadores ordenan la desconexión total, al estilo Hosni Mubarak o bien, cuando gobernadores como el de Veracruz acusan de terrorismo y sabotaje a quien tuitea un rumor, exhibiendo no sólo un indignante autoritarismo, sino torpeza y deseos de distraer la atención. En Veracruz como lo demuestran las dantescas escenas de 35 cuerpos  tirados en plena zona turística del puerto, los problemas están en otra parte a la que no voltea el gobernador.

Desde China hasta Veracruz se expande la pulsión por imponer restricciones a la libertad de expresión y al derecho a la información ante la democratización comunicativa que la red promueve.

Tenemos entonces que la libertad de expresión en Internet, puede ser vista de dos formas: O bien como una extraordinaria oportunidad para ensanchar la democracia mediante el empoderamiento ciudadano o como una amenaza al poder tradicional que debe evitarse a toda costa, posturas hasta ahora irreconciliables.

En el centro del debate tenemos un medio abierto y libertario, atributos que están condicionados por diversas variables, desde el diseño tecnológico; el sistema político; las políticas públicas, el marco jurídico y las propias prácticas de los usuarios.

Como señala el informe Freedom of Connection, Feedom of Expression elaborado por destacados expertos en Internet bajo el liderazgo de la UNESCO (2011), la nueva ecología comunicativa amerita nuevos marcos de entendimiento.

La aproximación al estudio de la complejidad de Internet no es un asunto nuevo. Desde 2004 y 2005 en las Cumbres Mundiales sobre la Sociedad de la Información se destacó la necesidad de una gobernanza de la red, lo que significa que su gestión debe ser multisectorial.

Gobernanza (governance)  significa que ante un entorno complejo como lo es Internet, se requiere del concurso de diversos actores, de una pluraliad de enfoques y de una gestión que en el caso de la red, garantice su neutralidad.

La gobernanza depende de la voluntad de las partes, para dialogar sobre el futuro de Internet para la democracia y para el desarollo humano.

Los instrumentos del pasado para controlar a los medios tradicionales no aplican para Internet, porque no se trata de un diario, estación de radio o televisora, medios a los que gobiernos autoritarios aprendieron a controlar muy bien.

Internet es algo más que un medio, se trata no sólo de la infraestructura de la Sociedad del conocimiento sino de un espacio global, diverso en el que concurren ciudadanos; delincuentes; activistas, medios; empresas grandes y pequeñas de toda índole; gobiernos; candidatos a algún puesto de elección; educadores; sus hijos y los míos.

Los pocos usuarios de redes sociales en países como México, no estamos fuera de esta gobernanza, ya que tenemos la responsabilidad de darles un uso significativo y evitar prácticas ingenuas e irresponsables. Los gobiernos habrían de buscar incorporar a la red a más usuarios, de promover que sea cada vez más libre, democrática y útil.

Pero antes que nada, la gran pregunta que debemos responder cada uno de los actores de este nuevo ecosistema es: Para qué queremos Internet y a partir de ahí, comenzar a planear su futuro como una herramienta básica para el desarrollo humano.

Fotografía “Infringement is civil” de Ar Kizzle @Flickr

Comentarios

Comentarios

María Elena MenesesDesde China hasta Veracruz