Ciberseguridad

In Opinión by María Elena Meneses

Publicado en El Universal

La filtración del más grande archivo de documentos secretos ha puesto en la agenda global, el irrenunciable y delicado tema de la seguridad nacional y corporativa en la era digital. La filtración de documentos no es un asunto nuevo, pero lo que sí resulta novedoso es el volumen de éstos puestos a la disposición del mundo entero, lo cual sólo es posible a través de las redes digitales.
El sitio Wikileaks, responsable de filtrar a tres prestigiadas publicaciones, The New York Times, Der Spiegel y The Guardian más de 90 mil archivos secretos sobre la guerra en Afganistán entre 2004 y 2010 es una organización emblemática de la era Internet, en la que el software libre se pone a disposición de los internautas para su libre uso, en este caso para alojar información clasificada y ponerla al alcance del mundo con un clic.
Fundada en 2006 por activistas anónimos, el sitio que dice financiarse de donaciones, está basado en una plataforma similar al de la enciclopedia colaborativa Wikipedia, al que se filtran documentos secretos de todo tipo ante lo cual, el sitio pide no poner en peligro a nadie y se compromete a salvaguardar la confidencialidad de las fuentes de información.
Los contenidos de las filtraciones de la guerra afgana develan entre otras cosas, indignantes crímenes de guerra y la traición de Paquistán a Washington, que de acuerdo a los documentos filtrados apoya a los talibanes cuando recibe ayuda estadounidense por dos billones de dólares al año para hacer justamente lo contrario.
El sitio en sus cuatro años de existencia ha recibido más de un millón de documentos y no sólo ha revelado asuntos político-militares como éste y el video del ataque de un helicóptero estadounidense en Bagdad en contra de civiles, entre éstos un camarógrafo de la agencia de noticias Reuters, sino que éstas han alcanzado al mundo corporativo y financiero.
En 2009 reveló un bochornoso caso de corrupción por parte de los dueños y directivos del banco islandés Kaupthing Bank ,que llevó al gobierno de ese país a revisar la ley del secreto bancario. Este año puso al descubierto que la empresa global de almacenamiento y abastecimiento de energéticos y minerales Trafigura, habría desechado material tóxico en Costa de Marfil dañando a civiles.
En el centro del debate, una vez más está la seguridad de los Estados nacionales y las empresas en la era digital, la cual exige irremediablemente una mayor transparencia, valor que paulatinamente se convertirá en un insumo necesario para hacer gobierno y en la esfera empresarial y de negocios.
Wikileaks y otros sitios similares que se irán gestando en esfera digital , llegaron para establecerse en la dinámica de los flujos de comunicación, antes controlados por gobiernos y empresas, lo que en la actualidad resulta cuantioso en términos económicos y contraproducente ante el poder informativo viral de de los medios digitales.

Este cambio de paradigma pocos lo han comprendido , la respuesta de los afectados ha sido el descrédito de la información publicada tendiente a minimizar sus efectos y la inversión en costosas estrategias y protocolos de seguridad sofisticados para controlar Internet, opción que a medida en que la sociedad se digitaliza se hará más complicada y costosa.
En el caso de las empresas, se vuelve necesaria la gestación de una cultura organizacional abierta y transparente tanto hacia lo interno como hacia lo externo, toda vez que quienes filtran documentos son los propios empleados que se siente traicionados por la empresa.
Internet obliga al fin de la era de la secrecía y le da la bienvenida a la etapa de la rendición de cuentas, incluidos sitios como el propio Wikileaks del cual sabemos muy poco. Las empresas y sitios en Internet que apelan a la libertad de expresión para su existencia no están exentos de rendir cuentas, sino que habrán de poner el ejemplo en su propia casa.

Perfil del fundador de Wikileaks en The New Yorker

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